lunes, 16 de noviembre de 2009

Inconformidad

Adoro el cambio de hora. Me encanta. Más cuando me trae sorpresas lindísimas.
Estaba yo con mi pijama, como si recién me hubiera levantado, a eso de las 8 de la noche, cuando suena el teléfono.

Nat: Hola, Olivia! soy yo! en qué andás?
O: Acá, trabajando un poco, vos?
Nat: Acabo de terminar las clases y mientras ordenaba todo el taller me di cuenta de que aún no oscureció! me preguntaba si querías venir a tomar unos mates.
O: por supuesto! voy para ahí!

Cambiarme y salir no me llevó más de diez minutos. Lo justo y necesario. Aunque me distraje y me pasé como dos paradas en el ómnibus, llegué con una amplia sonrisa al encuentro con mi amiga que por complicaciones de las últimas semanas, hacía muchísimo no veía.
Mate y granola, como siempre, sentadas en los sillones del pequeño espacio casa-taller, con el aire fresco de la lluvia que se iba entrando por la ventana, el aroma del hornillo y unos tangos de fondo. Perfecto.

Rodeadas de murallas y murallas de libros e instrumentos musicales, conversamos de cada cosa que nos habíamos perdido en este último tiempo. El trabajo, las clases, los nuevos proyectos de ella y su amigo, nuestros propios proyectos que siempre se escapan como agua de una represa cada vez que nos juntamos. Planes y más planes. Muchas idas y venidas del mate, hasta las dos de la mañana.

Llegó Seba y nos colgamos a hablar de los ensayos y más planes. Cursos de fotografía, exposiciones, té que humea en la noche cálida. Y la migraña que asoma sus garras como cada un par de días.

Me fui a los tumbos, llegué a los tumbos en algo muy parecido a una resaca. Resaca de mate, supongo. Con ganas de vomitar logré alcanzar la cama y sumergirme en un sueño profundo de unas pocas horas. A las 8 de la mañana no pude dormir más.

Miré el celular y no tenía ningún mensaje. Pese a la noche simple pero fantástica que había tenido, el silencio de mensajes era lo único en que pensaba esa mañana rara, mientras miraba el techo con cara de pocos amigos.

8 comentarios:

Paula y punto. dijo...

Me encanta el cambio de hora.

Y la hora naranja, la hora violeta en que el mar se come al sol(8)

A veces, la casilla vacía es un alivio. Pero generalmente es un disparo al ego.

Malala Mala dijo...

el vacío de la pantalla del celular cuando esperamos que suene, es algo un tanto devastador... un pequeño puñal clavado en el peor lugar...


acá no cambiaron la hora este año... asique la vida sigue igual...

JuanT dijo...

Un placer llegar a tu blog, me gusta mucho su diseño, y me gusta como escribes, muy suelto, como si fuera una pavada

Pablo G. dijo...

Es buenísimo el cambio de hora... quizás me complcia para comer, porque no sé, desde chico en mi familia se come al mediodía (12.30, 1 como mucho) y cerca de las 9 de la noche. El problema es que ahora a las 9 de la noche es de día!

Igual es buenísimo porque uno termina de trabajar y sigue siendo de día, como para poder tirarse un ratito en una plaza con algunas cervezas, amigos...

Volví... nuevo y mejorado Oh, nuevo y mejorado!

chuc dijo...

Bueno, en principio analizaba que escribir y quedé paralizado porque Pablo G. ya había comentado, es decir...... no es que intentaba redactar algo como el, solo que yo soy también Pablo G. aunque aquí figure como Chuc... y bueno, pensé que se había escrito solo, en fin, retomando.....

Hola! Un placer.

Lo amarillo de tu espacio me imantó de algún modo, y me decidí a leer.

Y leí entonces, luego acá me ves escribiendo lo que minutos atrás iba pensando en qué decir, para finalmente conformar esta serie de palabras livianas sin connotaciones específicas.

Creo, y ya hablando de tu entrada última, que la falta de mensajes en ese aparato de teléfono no debería en absoluto preocuparte, ya que en apenas renglones de distancia mencionas palabras como proyectos, exposiciones, fotografía, y hasta té!
Nada puede andar mal si por allí está dando vueltas tu cabecita.

noelí dijo...

y qué nombre esperabas q apareciera en esa pantallita?

chuc dijo...

Bueno, dichoso de encontrar tu retribución... y aquí estoy nuevamente.

Respecto a cuando hablas de los cuencos.... mencionas la palabra "acá" y ahí radica mi confusión, evidentemente mi proceso de sinapsis será rápido pero sigo siendo un tipo cerradito en varios aspectos.... y daba por hecho que eras una porteñita más.

Tu acá quizás no es mi acá, y quizás no estemos acá.

Sintetizando, si vivieras en Buenos Aires tus opciones de escuchar cuencos son varias y en el corto plazo, espero te sirva ese dato pequeña moradora de ciudad X.

Adiós!

O(ʜ)livia dijo...

paula y punto: es lo más. dan ganas de muchas cosas!

malala: exacto, a veces es una lucecita de esperanza. buuu, bajón que no hayan cambiado la hora... estamos defasadas, ahora!

juanT: pues, bienvenido!! ocn mucho gusto se lo recibe!!

Pabla: sos muy normalito, che. hay que aprender a comer en horas raras... ahí hay un poco de diversión, también (?)
me alegra lo de nuevo y mejorado!! amen!

chuc: pues... por eso la Inconformidad, del título... nada parece venirme bien en estos días...

noelí: touchè! de un par de personas en especial... extraño viejos cercanos tiempos... pero en realidad hace como 2 días que no me llega ningún mensaje (obviemos los de madre-padre-hermanas preguntando cosas) y es un poco devastador, a decir verdad)