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sábado, 14 de noviembre de 2009

Conversaciones en paralelo.

- No quiero perder el tiempo
- Si no tenés más nada que hacer ni nadie con quién hacerlo.
- Pero igual , no tengo ganas de perder el tiempo que bien puedo emplear...
- En qué?
- En hacer las cosas bien.
- Ahhh... porque hay una forma, capaz, de hacer las cosas bien - ella siempre tan irónica.
- Bueno, bien para mí. No pido nada, pero parece que por no pedir, no tengo nada, tampoco.
- Hay que ser demandante, darling. Además sí pedís, sólo que no a las personas correctas.
- Puede ser.


Llega sorpresivo mensaje de chico-sorpresa (valga la redundancia):
Con qué me tentás si te digo que cruzo el charco?


Respuesta:
Necesito tentarlo? Acá está el Medio y Miedo sin abrir ;)... (lo de miedo es a propósito, no es mi dislexia)


Otro mensaje:
Perfecto. Medio y miedo y sus manitos fabricando una ranita.


Respuesta:
Primero cumpla sus promesas, luego veremos qué pasa con las mías


Muestro el mensaje.
- Ves? pedís a las personas equivocadas!
- Pero yo no pedí nada!
- Igual! hacete cargo... qué pensás hacer?
- Nada, perder el celular, no responder mails o salir de la ciudad.
- Ojo por ojo y el mundo se quedará ciego.
- Diente por diente y todos tomaremos sopa...


Nos reímos. Nada puede terminar mal en nuestras conversaciones desquiciadas. Lil' sis me gana siempre por goleada, hace lo que yo jamás hice a su edad, se arriesga en las cosas que yo jamás me hubiera arriesgado. Pero me dice que envidia mi suerte. Y no la entiendo.


- No te entiendo, O, qué es lo que querés?
- No sé exactamente, pero algo que se parezca a una tarde de picnic con mucho sol en un parque bien grande, comiendo fruta y tortas caseras, tirándonos a dormir al sol.
- Ehhh... lo qué?
- Es una gran metáfora, pedazo de una boluda!
- Por eso estás sola, porque nadie entiende tus metáforas.


Y nos reímos. Aunque yo no tanto.

jueves, 16 de julio de 2009

casualidades (y notas adjuntas)

A buenamigo Olivia lo conoció como una casualidad boluda más de esas que a todos nos causa cierta sorpresa pero no podemos decir que no pasan. Siempre pasan.
Había intercambiado mails con un conocido para agregarse mutuamente al msn y por quién sabe qué cosa tipeó un mail erróneo y fue así que, al rato de hablar de cosas sin sentido, descubrió que se trataba de otra persona y no a quien creía haber agregado desde un principio.
Hablaron dos noches seguidas durante horas. Buenamigo le contó muchas cosas suyas. Ella no profundizó demasiado en cosas personales, pero opinaron, filosofaron y descubrieron formas de pensar semejantes. Buenamigo se fascinó con haber encontrado un ser pensante que le llevara el hilo de muchas cosas.
Quedaron en juntarse pocos días después para verse finalmente las caras. Caminaron, el viento de la rambla los despeinó en un día de actos políticos y un poco de frío. Terminaron en un bar bastante careta que era lo único abierto por la vuelta. Horas con un par de cafés hablando de millones de cosas, como si se conocieran desde hacía siglos. Quedaron en ir a un recital la semana siguiente. Olivia volvió contenta pero sin expectativas de nada.
En el recital le picó el bichito. Siempre hay un click, siempre hay un algo imperceptible que despierta esa sensación oblicua y pegajosa.
Era día de semana pero igual después del recital fueron hasta un barcito muy pichi, junto con otros dos amigos de buenamigo, a tomar un par de cervezas. Olivia, como siempre, hizo, casi sin pensarlo, una ranita de papel. Todos fascinados haciendo saltar la ranita, que terminó formando parte de la propina porque escasearon en monedas.
Caminatas, nuevos conocidos, despedida, chau.
Verano.
Y Olivia que pensaba y no pensaba, que hizo mil cosas ese verano y procuró tomarse a buenamigo como una persona genial que le había gustado conocer, pero nada más.
A la vuelta de infinitas vacaciones, de noches bancándole, a cientos de kilómetros de distancia, sus cavilaciones y dramas existenciales, el verano iba acabando y volvieron los encuentros.
Así comenzó la historia de buenamigo, que generó en Olivia muchas sensaciones hasta el corte abrupto de una tarde después de charlas, cafés, rambla y siniestros, en que descubrió, de rebote, que el tipo salía con alguien.
Idiota, Olivia, sos una idiota.


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Notas y boludeces:

Bueno, he estado sin internet por varios días. Ahí fue el cómo empezó lo de buenamigo y esta historia de nada, pura nada.

Chico sorpresa sigue sin dar señales de vida. Una semana y contando. Me sospecho que será como la última vez, va a venir y Olivia ni se va a enterar, ya me veo.

Una cosa graciosísima bloguera: vieron las palbras de verificación? hoy largué la carcajada (en serio, fuerte) cuando fui a comentar no recuerdo dónde y como palabra me salió "uncodito"
es una idiotez, pero me hizo reir muchísimo.

Graicas por sus teorías sobre el abrigo, la lana, etc, sigo pensando en nuevas.

miércoles, 8 de julio de 2009

formas dulces de rechazo?

Hacía un par de semanas que hablaba por msn con chico-sorpresa. Más bien debería decir que hacía un par de semanas que peleaba diariamente por msn con chico sorpresa. Pelear siempre ha sido para mí una especie de hobby y encontré un par desafiante en chico-sorpresa, que le había pedido a una compañera de clase mi mail porque me vio en un cumpleaños suyo justo un finde que él había venido a la capital.
Mis intenciones eran del todo inocentes. Es más, ni intenciones tenía. Al cabo de estas dos o tres semanas, me dijo que venía por trabajo por un fin de semana y que qué me parecía juntarnos a tomar algo. A mí me divertía mucho la idea. Podría pelear cara a cara y ensañarme debatiendo con el chico-sorpresa e inocentemente eso era todo lo que esperaba, todo lo que construía mi expectativa.
Nos encontramos en un lugar neutral, yo estaba un poco nerviosa porque ni había pensado qué podíamos hacer o a dónde le gustaría ir, pero él no paraba de sonreir y de mirarme de una forma extraña.
Caminamos un rato, demoramos, pero al fin aparecieron temas de discusión y para pelear con el mejor humor del mundo, con chistes de por medio y, debo decirlo, ya bastantes palos de su parte.
Fuimos a tomar algo. El lugar tenía música en vivo y lo que más hicimos fue tomar, no hablamos tanto. A mitad de la noche me encontré con un par de amigas que sin preguntar acerca de chico-sorpresa se unieron a nosotros y nos pusimos a cantar y a joder mucho con cualquier estupidez, ya bastante desinhibidos por el alcohol.
Era tarde ya cuando se había terminado la música y la vitalidad de mis amigas que habían tomado bastante más que nosotros y poco a poco se iban retirando. Cuando nos trajeron la cuenta hice algo que suelo hacer cuando voy por ahí y algún papel sin mucha utilidad cae en mis manos. Lo doblo hasta lograr una ranita de papel que salta cuando se le apreta la cola. A chico-sorpresa le resultó muy simpático y hasta tierno (o algo así supo decir). Salimos del bar casi abrazados, le regalé la ranita de papel y me lanzó una de sus miradas más tentadoras. Chico-sorpresa tenía cierta forma de mirar que entre intimidaba y daban ganas de hacerle cualquier cosa. Esa ambigüedad creo que era su mayor encanto ya que físicamente ni siquiera era mi tipo.
Mucho menos tímidos, con menos palabras y más juntos, acompañamos a una amiga que apenas podía sostenerse hasta una parada de taxis y la metimos en uno. Luego de eso nos miramos sin decirnos nada pero hablando con los ojos y caminamos abrazados y en silencio hasta cerca del lugar donde se estaba alojando.
Por allí nomás encontramos unos bancos apartados y un poco a oscuras donde nos sentamos. Yo empecé a hablar de cualquier idiotez mientras chico-sorpresa me miraba largamente (sí, con una de esas miradas) que poco a poco me hacía dar cuenta de qué tan absurda era mi conversación. Aún así, y vícitima de los efectos del alcohol, yo seguía.
Esperaba que él por fin se cansara de tanta idiotez (ya a propósito) e hiciera algo. Y no demoró mucho. Me hizo callar con un beso y ahí se desencadenó todo el efecto que la mirada sostenida durante horas en el bar y en la calle había provocado en mí. Besos, caricias, manos, amparados por una oscuridad cómplice.
Ni idea cuánto tiempo, pero al rato yo estaba demasiado a gusto como para quererme ir. Y entonces se rompió la magia. "Y si subo?" le dije con una voz entre inocente y demandante. "No, O, ahora vas a tener que irte. Mañana tengo que levantarme temprano para trabajar. A eso vine." Yo me reí, incrédula, y continué en lo que estaba. Chico-sorpresa me apartó. "En serio, O, tenés que irte".
Remoloneos más, remoloneos menos, terminé yéndome a casa unos 15 minutos después de todo ese circo.
Genial, O.
Chico-sorpresa se volvía al finalizar la jornada del día siguiente y hasta que llegó a su casa no hablamos. Por msn seguimos como si tal cosa. Yo no reproché la echada en la cara pero todo quedó medio raro. Lo único bueno era que en dos fines de semana más volvía a la capital y ahí seguro nos encontrábamos.
En resumen, porque esto ya se está poniendo largo y no quiero aburrir, aquel fin de semana vino y aunque di señales de vida y opciones de encuentro, no supe de su paradero hasta que había llegado el lunes y cada cual estaba en su punto de origen. Esto y un par de cosas más hicieron que me sintiera bastante estúpida. Al principio me quemé la cabeza, luego decidí odiarlo y finalmente ignorarlo, cosa que estuvo bastante bien.
Todo esto viene a cuento porque hace un par de días, después de meses sin hablarnos, me habló como si tal cosa, con los mismos apodos de antes, con las mismas peleitas histéricas. Yo tomé todo como de quien venía y seguí el juego. Ya lo tengo perdonado y asumido, y además ando con la cabeza en otra así que ni me jode. Pero he aquí que haciéndose el boludo me comentó que venía a la capital próximamente y que era más que obvio el encuentro.
No puse objeciones. Me dije: O, sabés cómo son las cosas, así que
a) te vengás
b) la pasás bien, sea lo que sea, lo que tenga que ser
c) ... (no sé, otras opciones?)


---actualización---
como varios preguntaron por la ranita... hice una especial y muestro cómo sería.